El nacimiento.
El bautizo.
Un ciudadano más.
un burgués o un obrero.
Hombres y mujeres suman más de cinco millones (2) y se restan en el epílogo de una autopsia o en el velorio de lágrimas embozadas. Pero la muerte también es una fiesta: dulces y pan, flores y rezos. La exacta longitud de un cadáver se ajusta a la tarifa de las funerarias. La categoría del obituario, la selección, reclama la importancia del muerto junto a la fama transitoria del boxeador o la vedette.
Al final, y de cualquier modo,
otro número se archiva en el panteón.



(2) Somos más de 14 millones. El crecimiento degenerativo es irrefrenable.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)
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