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Los ciudadanos acuden a los templos, sonoros edificios de paganismo y fe. Hacia el perdón por el camino de las rodillas sangrantes, hacia el milagro, hacia la consumación de los siglos por el dogma, la gloria y purgatorios. El devoto se ciñe la corona de espinas liberándose de sus pecados, mientras el sacerdote circula entre incienso y bendiciones, entre el tintinear de alabanzas y limosnas.
Hacia la resurrección,
hasta el Juicio Final.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


Con el frenesí en los salones de baile, junto a lociones penetrantes, la cadera se mece y el instinto se afianza. Este momento vale. Lo que sigue tal vez, pero ahora, lo de ahora es importante. Bajo la falda femenina la ilusión se satura de formas ondulantes, de colores difusos, de poesía dibujada en paredes y letrinas, como trazos en el aire, como murales dibujados con el dedo. El feroz compás martilla al erotismo y la oficiante revela, por segundos, paraísos de luces centelleantes.
El cordón umbilical es la cueva
del angustiado ciudadano.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


El aire, agua y flores son gratis. El tacto es húmedo y las noches propician el amor…Las pasiones se agigantan en el recuerdo. Los enamorados acarician sus sombras bajo los arboles de los parques, y sus deseos se materializan en las carteleras cinematográficas. El primer beso y luego otros más: hacia el hotel o al casamiento. Sus pensamientos flotan en las nubes, sobre cuarenta y ocho pisos.
Somos el origen, conjugación,
llanto y plenitud,
Uno son dos,
dos es uno,
o tres, o cinco,
o seis millones de ciudadanos indivisibles. (3)


(3) Se decía que la población fluctuaba entre 5 y 6 millones.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


Vivir enclaustrado en los límites del barrio, en salones cinematográficos, cantinas, restaurantes, como en frágil vitrina cimbrada por ruidos y voces. Cada hombre y mujer piensan en lo suyo: gastar o prolongar el poco dinero que se tiene; comer, divertirse, fornicar.
Los snobismos producen nuevas modas:
nobleza obliga.
Y los anuncios dicen:

”Tenga lo que deba aunque deba lo que tenga.” “Se solicitan hombres entre veinticinco y treinta y cinco años de edad, con personalidad optimista, para trabajo remunerativo en empresa de prestigio.”
Pero muchos ya son demasiado viejos.
Y para ser feliz, olvidar, escapar; para vivir mejor, hay que beber el ron o la cerveza junto a unas piernas de cartón: fórmulas sencillas…Para triunfar en el amor debe usarse el dentífrico, la brillantina o el brassier multiforme.
Basta seguir las instrucciones.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


El ciudadano se vuelca en epilepsias reglamentado sus reflejos con la síncopa de las señales de tránsito. La bomba atómica en el neón y la mirada adulta del niño vendedor de noticas demagógicas… El tolete, el gas y las protestas. Fuerzas oscuras atentan contra la seguridad y el orden de un estado de cosas que aseguran y ordenan los intereses de una oligarquía inteligente.
Los jóvenes hacen la historia del país
y los viejos la escriben.
La responsabilidad se mide con vara elástica, ajustable a la capacidad de compra y venta del mejor postor. Unos compran la gloria y el confort…Sólo los pobres van al infierno, hacia las delegaciones, tras las rejas, en las vecindades encaramados unos sobre otros.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


El nacimiento.
El bautizo.
Un ciudadano más.
un burgués o un obrero.
Hombres y mujeres suman más de cinco millones (2) y se restan en el epílogo de una autopsia o en el velorio de lágrimas embozadas. Pero la muerte también es una fiesta: dulces y pan, flores y rezos. La exacta longitud de un cadáver se ajusta a la tarifa de las funerarias. La categoría del obituario, la selección, reclama la importancia del muerto junto a la fama transitoria del boxeador o la vedette.
Al final, y de cualquier modo,
otro número se archiva en el panteón.



(2) Somos más de 14 millones. El crecimiento degenerativo es irrefrenable.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)


Arriba en el lomerío urbanizado, arboles maquillados protegen mansiones señoriales: fachadas que barnizan a las buenas manera, al convencionalismo propio de los gentiles preocupados por la heráldica y la casta, por el pedigree en las exhibiciones, por el cóctel en la mano enguantada. Las testas, en los aquelarres, lucen la insolencia del ocio y se organizan caridades y desayunos de plusvalía. Pero es necesario guardar la compostura.
En la periferia, sobre el caos cuadriculado, los desplazados. Los que viven bajo techos de lámina y cartón. La miseria es confidente y al ciudadano se le concede, junto a la lotería, la libertad para morirse de hambre.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)

3

Los edificios son la tónica del progreso y del ingenio humano. Líneas rectas y en zigzag modulan la existencia. Culturas y modas señalan disyuntivas. El ir y venir maquiniza los sentidos. El aire nauseabundo permanece inmutable.
Las mañanas son bellas y tranquilas. (1) El ciudadano desayuna hotcakes y café americano. La sonrisa ante la posibilidad de un contrato, o ante un pequeño favor, obliga a que las cabezas solemnes se inclinen. Y el aprendiz de brujo aprende a callar, a ser discreto, a celebrar el gesto de amo transitorio. Y otro ciudadano desayuna en las grandes estaciones siderales servido por una mujer gorda de bonete reluciente: el café de olla y, tal vez, una mosca ahogada en los frijoles.
Hay que procurar comer.
El arreglo con la vida no es fácil.


(1) A partir de la madrugada, ahora son agitadas.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)

2

Al amanecer, urbe somnolienta. Olores y sudores. Los perfumes del barrio y de los almacenes se mezclan con la prisa y el parloteo del ciudadano que acelera su sistema nervioso para ganarse un peso, los cientos o miles. Al anochecer, el tiempo se desploma, la ilusión se agudiza: la realidad cohabita con la magia.
Las mujeres en sombras
Y los hombres fantasmas.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)

1
Polvo y gasolina.
Concreto, asfalto y empedrado.
Telarañas de hierro…Azoteas erizadas de antenas…Una ciudad del mundo como cualquiera, apretujada de gente…Hermosa ciudad universal.

Yo, El Ciudadano de Nacho López (photo essayist, photojournalist de Mexico)